Medio ambiente y el golf

La construcción de un campo de golf supone la poda y resiembra de hectáreas de árboles. Por més que se quiera proteger el medioambiente, en el proceso de construcción necesariamente hay que “tumbar’ muchos arboles, pero los campos de golf siempre se cuidan de restablecer la flora, pues el balance de fertilización de los terrenos, la producción de agua, el refugio de las especies animales, y las temperaturas, son regidas por los arboles mismos.

Tomemos como ejemplo Cayacoa, un campo en el que ha habido cambios sustanciales en relación a su layout original. Hubo socios que, preocupados por el medioambiente, pusieron en tela de juicio la tala de algunos arboles, lo que trajo como consecuencia una carta enviada a su membresía por su presidente Frank Adames, a quien pedí autorización de publicarla pues me parece interesante que todos sepamos las distintas clases de flora y fauna que viven en el campo y sus alrededores, además de los motivos de la tumba de árboles. Veamos: “Apreciados miembros de Cayacoa: Quisiera informar a ustedes sobre las decisiones recientes para las adecuaciones del campo. Ante todo, quiero aclarar que en nuestro campo siempre ha habido una actitud responsable acerca del medioambiente. No ha sido por accidente el hecho de que contemos con un ambiente sumamente sano para el desarrollo de la flora y la fauna local, y una adecuado hábitat para especies migratorias que nos visitan cada año. Cayacoa es un santuario donde podemos encontrar aves como Martín Pescador, garzas reales, garzas criollas, gallaretas, águilas (gúinchos) caos, samaragullones, guineas, codornices, perdices, querebebé, flyders, búcaros, pájaros bobos, petígres, julianchivíes, así como hicoteas, pitones del caribe, y hasta iguanas han sido vistas en el hoyo 13. Entre los hoyos 12, 13, 14, 15, 16 y 17, el 30% de nuestra ocupación esta destinada a la reserva forestal y allí no se permite ninguna actividad humana que afecte el ecosistema.

Además, las lagunas ocupan más de 60,000 m2 y entregan a los afluentes del Río Isabela un agua tratada, con una calidad muy superior a como es recibida en las entradas de estas.

Fuera de las áreas reservadas, la mayoría de palmés, la totalidad de los samanes, robles, tulipanes africanos, flamboyanes, orejas de elefante, amapolas, cocos, guamés, pinos de teta, araucarias, gina extranjera, almendras, tekas, mangos, caimitos, caobas, leucaenas y otras tantas especies, fueron sembradas o trasplantadas en su totalidad por nosotros.

No creemos que esto nos dé el derecho de disponer de esos árboles, pero sí tenemos el deber de gerenciar su desarrollo y planificar su ubicación dentro del campo.

Lamentablemente las administraciones anteriores no tomaron cuidado de árboles que nacieron en lugares que interfieren para que el juego sea justo para socios y usuarios del campo. Treinta años de descuido no nos obligarán a sacrificar el disfrute del juego.

Nuestras decisiones han sido difíciles de tomar, pues cortar un árbol que hace 10 años no afectaba el juego fue duro para todos nosotros, sobre todo sabiendo que muchos no tendremos la oportunidad de ver crecidos a sus sustitutos. Pero alguien tenía que tomar la decisión, y en este caso nos tocó a nosotros. Apreciamos la preocupación de todos por mantener nuestro campo como un ejemplo de manejo responsable, pero es a nosotros que nos toca lidiar cada día con los opiniones (buenas y malas) de todos los que disfrutamos de este rincón ubicado en la periferia de nuestra ciudad”.

Personalmente me parece interesante el “approach”, pues queda claro que para que el campo sea “jugable”, algún sacrificio hay que hacer. Muchísimos de esos arboles fueron sembrados por el mismo club, y sé que continúan con la disposición de proteger la flora y fauna del campo y sus alrededores.

Buen argumento, Frank. Sigue poniendo la bola en el medio.

Felix Olivo

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